Los pasajeros supervivientes del vuelo 815 de Oceanic, perdidos los referentes de su vida anterior y en un terreno extraño y hostil, encarnan el mito del renacimiento. Expelidos del confortable entorno uterino del avión de pasajeros lo único que puede importar es la designación de un líder, alguien fuerte y voluntarioso capaz de dar amparo y protección, de hacer frente a las amenazas desconocidas y de dirigir a la prole dispersa como un padre a su progenie. El bebé recién nacido de Claire es, en este sentido, un espejo de la vulnerabilidad y el desamparo del grupo.
Si en el primer capítulo parece deducirse de su absoluto protagonismo el liderazgo de Jack Sephard, pronto el misterioso Locke rivalizará en la asunción de la paternidad del grupo y en la distinción de héroe. Claro está que del otro lado, del lado de los desamparados, quedan personajes como Charlie Pace, una ex estrella del rock dubitativo y drogodependiente, o como Boone, el débil protector de su hermanastra de la que está secretamente enamorado, personajes que pronto se constituyen en meros apéndices de los voluntariosos Jack y Locke.
Uno tras otro los presuntos líderes fallaran al grupo, caerán como ídolos de barro para levantarse de nuevo perdida su estatura heroica, relegados a su condición de desamparados. Una culpa originaria, un pecado adanita acosa a todos los personajes, sobre todo a los que parecen destinados a encabezar el grupo. La isla devuelve el pasado a sus habitantes, las arenas de la playa terminan por descubrir aquello que se entierra en ellas, del agua emergen los ahogados y el espesor de la selva oculta los más atroces y cervales monstruos del inconsciente.
Jack, el médico, el apolíneo dador de vida, afrontará la presencia fantasmática de su padre aparecido de entre las palmas, el padre suicida cuya ausencia resquebrajara su firmeza. Jack como su padre una y otra vez será incapaz de salvar la vida de los otros. Por otra parte, los votos hueros que pronunciara en su matrimonio fallido le descubren como un personaje que jura en falso, falaz y desprovisto de palabra, una máscara trágica de héroe atravesado por la duda.
En cuanto a John Locke, el experto cazador se encuentra unido a su padre hasta las entrañas, por así decirlo, después de que éste se la jugara de manera artera y le abandonara a su suerte. Tras el accidente aéreo, Locke recupera milagrosamente la movilidad en sus piernas paralizadas. Por ello, sus móviles son los del fanático que por una suerte favorable se cree capaz de los mayores empeños, de redimir a los demás y de obrar milagros con la sola fuerza de su voluntad como un nuevo Jesucristo. Tiene una fe inquebrantable en el destino y en una suerte de plan universal que da sentido a su vida y a la permanencia en la isla. Apenas he visto la primera temporada y algunos capítulos de la segunda, pero me atrevería a decir que el desengaño de Locke, cuando éste tenga lugar, podría ser un hito en la serie.
El otro presunto líder es el travieso Sawyer. Su progresiva integración en el grupo, así como el revelador momento en el que el bebé de Claire deja de llorar al escuchar la Voz del Padre, apuntaban en ese sentido. Sin embargo, la culpa de la desaparición de Walt recaerá en Sawyer (y no en su padre Michael, otro padre putativo de una larga lista) que a esas alturas es el padre designado y el que recibe el disparo en el momento de la desaparición del niño.
¿Será posible que Hugo pueda también optar al liderazgo? Su apellido "Reyes" podría dejar campo abierto a esta posibilidad. De cualquier modo, lo que es seguro es que si "Lost" es una obra de nuestro tiempo, ningún personaje será capaz de redimir al resto, de dirigir al grupo o de encontrar el camino de vuelta. El regreso es imposible. Locke jamás encontrará la llave a la cerradura. Cuando parece haberlo conseguido, con el descubrimiento de la fortaleza subterránea, como un regreso al útero en el que encuentra un inquilino instalado confortablemente, es para de repente ser expulsado al mundo en un nuevo rompimiento de aguas. Por ello es incierto creer que puedan ser despejadas las dudas, aplacados los temores o desentrañado un pretendido sentido oculto. El Nuevo Mundo de la isla no revelará jamás su secreto y los robinsones no podrán ser encontrados.
Si en el primer capítulo parece deducirse de su absoluto protagonismo el liderazgo de Jack Sephard, pronto el misterioso Locke rivalizará en la asunción de la paternidad del grupo y en la distinción de héroe. Claro está que del otro lado, del lado de los desamparados, quedan personajes como Charlie Pace, una ex estrella del rock dubitativo y drogodependiente, o como Boone, el débil protector de su hermanastra de la que está secretamente enamorado, personajes que pronto se constituyen en meros apéndices de los voluntariosos Jack y Locke.
Uno tras otro los presuntos líderes fallaran al grupo, caerán como ídolos de barro para levantarse de nuevo perdida su estatura heroica, relegados a su condición de desamparados. Una culpa originaria, un pecado adanita acosa a todos los personajes, sobre todo a los que parecen destinados a encabezar el grupo. La isla devuelve el pasado a sus habitantes, las arenas de la playa terminan por descubrir aquello que se entierra en ellas, del agua emergen los ahogados y el espesor de la selva oculta los más atroces y cervales monstruos del inconsciente.
Jack, el médico, el apolíneo dador de vida, afrontará la presencia fantasmática de su padre aparecido de entre las palmas, el padre suicida cuya ausencia resquebrajara su firmeza. Jack como su padre una y otra vez será incapaz de salvar la vida de los otros. Por otra parte, los votos hueros que pronunciara en su matrimonio fallido le descubren como un personaje que jura en falso, falaz y desprovisto de palabra, una máscara trágica de héroe atravesado por la duda.
En cuanto a John Locke, el experto cazador se encuentra unido a su padre hasta las entrañas, por así decirlo, después de que éste se la jugara de manera artera y le abandonara a su suerte. Tras el accidente aéreo, Locke recupera milagrosamente la movilidad en sus piernas paralizadas. Por ello, sus móviles son los del fanático que por una suerte favorable se cree capaz de los mayores empeños, de redimir a los demás y de obrar milagros con la sola fuerza de su voluntad como un nuevo Jesucristo. Tiene una fe inquebrantable en el destino y en una suerte de plan universal que da sentido a su vida y a la permanencia en la isla. Apenas he visto la primera temporada y algunos capítulos de la segunda, pero me atrevería a decir que el desengaño de Locke, cuando éste tenga lugar, podría ser un hito en la serie.
El otro presunto líder es el travieso Sawyer. Su progresiva integración en el grupo, así como el revelador momento en el que el bebé de Claire deja de llorar al escuchar la Voz del Padre, apuntaban en ese sentido. Sin embargo, la culpa de la desaparición de Walt recaerá en Sawyer (y no en su padre Michael, otro padre putativo de una larga lista) que a esas alturas es el padre designado y el que recibe el disparo en el momento de la desaparición del niño.
¿Será posible que Hugo pueda también optar al liderazgo? Su apellido "Reyes" podría dejar campo abierto a esta posibilidad. De cualquier modo, lo que es seguro es que si "Lost" es una obra de nuestro tiempo, ningún personaje será capaz de redimir al resto, de dirigir al grupo o de encontrar el camino de vuelta. El regreso es imposible. Locke jamás encontrará la llave a la cerradura. Cuando parece haberlo conseguido, con el descubrimiento de la fortaleza subterránea, como un regreso al útero en el que encuentra un inquilino instalado confortablemente, es para de repente ser expulsado al mundo en un nuevo rompimiento de aguas. Por ello es incierto creer que puedan ser despejadas las dudas, aplacados los temores o desentrañado un pretendido sentido oculto. El Nuevo Mundo de la isla no revelará jamás su secreto y los robinsones no podrán ser encontrados.
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